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Reyes magos filósofos

Melchor, Gaspar y Baltasar son los herederos de una tradición filosófica que se extiende desde tiempos inmemoriales y que expresaría Platón en las palabras de La república: “los reyes deben ser filósofos”.

Poco se sabe de estos tres personajes, pero los textos sagrados dejan entrever que eran sabios, lo cual no es un mal indicio para sospechar de su interés filosófico.

En el inicio de la humanidad un mago era lo más parecido a un filósofo. Se dio la circunstancia de que éstos evolucionaron hacia puestos de más responsabilidad y se hicieron jefes y reyes. El conocimiento de la naturaleza que tenían les permitía controlarla más que el resto de la población, con lo que se adueñaban de sus esperanzas y se convertían en depositarios de sus vidas.

Por lo general estos reyes filósofos suelen ser viejos ya que, de todos es sabido, que la sabiduría se acrecienta con la edad. De este modo muchas sociedades actuales, sobre todo aquellas no occidentalizadas, son auténticas “gerontocracias”. De este modo, en la Australia más inaccesible se hallan pueblos cuyos reyes, poseedores del conocimiento, son los encargados de “hacer” la lluvia, alimentar a la población y protagonizar los oficios religiosos.

Se dice que en las inhóspitas tierras de Nueva Guinea las gentes tienen un nivel cultural tan exiguo que nadie está capacitado para ser un tirano, y el que más se ha acercado a tal desempeño es algún hechicero reputado por poseer ciertos conocimientos filosóficos. De este modo esta sociedad va subsistiendo mandándose unos a los otros en medio de la más afilosófica de las anarquías.

En algunas tribus africanas los hechiceros-filósofos devinieron en reyes a través de las generosas donaciones que les hacían las gentes como muestra de agradecimiento por dominar las inclemencias del tiempo y aportar paz espiritual a través de la religión. Sus ingentes rebaños de ovejas les convierten en amos económicos de su sociedad tribal. El miedo que inspiran por su conocimiento de la naturaleza hace que la población delegue su parte de poder “natural” sobre la persona regia. Los habitantes creen que el rey no sólo debe dominar a las gentes sino a la naturaleza y sus fenómenos, y eso, quiérase o no, asusta. De todas formas, el rey-filósofo no se puede confiar demasiado porque si falla en el control de la naturaleza el populacho se le echa encima y, con mucha frecuencia, le matan. Debido a esto, no mucha gente quiere ser rey y no se adentran en el conocimiento del mundo para que no le erijan como tal. Igualmente, hoy en día, malayos, dayakos y pueblos nómadas del Brasil siguen creyendo que sus reyes influyen sobre el desarrollo de los árboles frutales y en el de la mies.

Pero este hecho que interrelaciona magia, filosofía y gobierno no se da sólo en las sociedades más avanzadas. Hasta hace no mucho tiempo reyes ingleses como Carlos I o Jacobo II, y algunos otros franceses, se dedicaban a curar a las masas mediante la imposición de sus manos en un acto de arrogancia y muestra de superioridad ante el pueblo llano. Otro tema es que se les pudiera considerar amantes de la sabiduría, es decir, filósofos.

Los filósofos que gobiernan hoy en día el mundo dejan bastante que desear, es más, de hecho alguno ni siquiera ha leído a platón. Los gobiernos chinos actuales están plagados de dirigentes empapados de la doctrina filosófica marxista, que hace que su país se enlentezca económicamente, por mucho que quieran adueñarse también de filosofías más liberales. Filosofías de la corriente del librecambismo, liberalismo y ultracapitalismo se van a adueñando de algunas sociedades occidentales, conduciéndolas a la más absoluta de las anomias y despersonalizaciones, pero con un crecimiento económico portentoso que compensa las carencias afectivas que se generan en un “sistema” filosófico como éste. En Ibero América las políticas sociales no pueden tirar hacia adelante si no es a base de golpes de Estado o pucherazos en las urnas. En la India sólo importa la casta para acceder al gobierno, ideologizado por filosofías de índole fascistoide nutridas de mucho Pareto y exceso de Nietzsche. Caeteris paribus.

Aunque Alejandro Magno fuera discípulo aventajado de Aristóteles y diera a su tierra los años más felices de su Historia, no suele ser ésta una característica habitual en los dirigentes del mundo. Los filósofos necesitan de un tiempo de reflexión que el ejercicio de la política se lo roba. El rey debe ser práctico, y sólo debe leer a Maquiavelo; disfrutar de la Filosofía solo le quitaría tiempo para su gobierno.

El mago de antaño, que a posteriori se convirtiera en sacerdote, y de ahí en filósofo para acabar constituyéndose como rey o jefe, ha desaparecido. Los dirigentes actuales que se dedican a la filosofía han dejado sus gobiernos; los que dejan la filosofía se convierten en líderes religiosos; y los que abandonan esto aplican su tiempo a la magia (leer las cartas por cualquier canal local de televisión). El proceso se ha invertido porque da más dinero.

¡Qué gobiernen los otros! ¡La filosofía ya no vale para gobernar! ¡Es la economía, que anda por sus fueros sin atenciones filosóficas que pueda dirigirla! ¿No es exactamente el mismo efecto mágico el del “hacedor de lluvias” que el del “hacedor de embalses y trasvases fluviales”? ¿Y dónde queda la Filosofía? ¿Y qué función tiene el Filósofo-Mago que ya no puede aspirar a dirigir ya que la Economía se dirige a sí misma? La economía globalizada ha desbancado a los filósofos del mundo, los cuales están condenados a realizar meras críticas contra un sistema que está inmunizado contra las mimas.

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...por Rafael Robles ...por Rafael Robles


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