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Proyección filosófica de la generación de 1914: La circunstancia española

La razón vital, junto con la perspectiva, constituyen dos de los conceptos centrales dentro del pensamiento orteguiano.

En cada época predominan unos determinados principios que organizan e inspiran la vida de los individuos. Cuando el pueblo no se siente representado en esos principios, entonces se desinteresa por la existencia, por su existencia, al igual que una planta, o una flor, que se marchita ante una atmósfera poco propicia. Esto es lo que sucedió en la Edad Moderna del pueblo español, y la filosofía de Ortega ofreció un estímulo, un intento para superar esa modernidad poco acorde con el estilo de vida propio del pueblo español de aquella época.
La principal preocupación del pensamiento orteguiano es atender a la interpretación española del mundo, así como al ámbito de la política. Su atención se centra en la “cuestión española”, y por ello participó, de forma muy activa, en iniciativas como la Liga de Educación Política, la agrupación al servicio de la República, intervino en asuntos públicos a través de conferencias, de artículos en prensa, fue diputado…

Para José Ortega y Gasset, un pueblo era una tarea, constituía un orden de todos los trabajadores, de ahí que defina la nación como un proyecto común de vida. Su escrito más destacado, centrado en el diagnóstico de la realidad española, y fechado en 1921, es “España Invertebrada”, en el que se distinguen dos niveles diferentes. Por una parte analiza las causas que han dado lugar a la debilidad de la sociedad española y, por otra parte, supone una radiografía acerca del presente de esa sociedad. La idea central de esta obra es que España nunca ha gozado de un momento de verdadero esplendor y de grandeza absoluta, por lo que tampoco ha podido tener un momento de decadencia. Ha sido el pueblo, a falta de minorías rectoras y dirigentes, el que ha hecho todo, convirtiéndose en un pueblo con vigor y fortaleza. Para Ortega la sociedad española carece de vertebración, característica que también atribuye a Europa, en la que se ha producido una rebelión de las masas, aunque advierte que esa rebelión es consecuencia y va pareja al crecimiento de la vida de los seres humanos.

La idea de Europa mantenida por Ortega proviene de la crisis moral que en esos momentos se estaba produciendo en el continente europeo. Sus tesis cobrarán especial fuerza a partir del año 1949, en sus conferencias pronunciadas en Alemania.
Pero para Ortega la posibilidad de transformar la sociedad española ha de surgir del cambio cultural, porque las transformaciones de tipo político o industrial no son tan profundas, debido a que se basan en las ideas, en las preferencias morales…, y éstas derivan de la “sensibilidad vital”, que es lo verdaderamente importante para Ortega. El gusto, la moral y la ideología, son los ámbitos en los que los filósofos han de influir para que se produzca la revolución cultural propuesta por Ortega. Es necesario mantener al margen la religión y la filosofía, esto es, deslindar una de la otra, convertir a la filosofía en un principio, y dejar a un lado la tradición y las supersticiones, puesto que no es la raza española lo que ha de ser salvado.

El mundo nos obliga a filosofar, su fragmentariedad y su insuficiencia llevan a que sea cuestionado, proclaman su no-ser. La cultura se convierte en la máxima expresión del filosofar, se convierte en un proyecto intelectual, y por ello Ortega reivindica la filosofía para España, pero a modo de esfera neutral y autónoma. Es así como se puede lograr superar la Modernidad y reflexionar acerca del progreso como núcleo de una sociedad. Ortega defiende una filosofía con la que poner fin a la Edad Moderna, como así lo manifiesta en sus escritos, ya desde 1921. Para él es la razón vital, o razón histórica, la que ha de reafirmarse fuertemente.
A la luz del pensamiento orteguiano es entonces la “Historia de las Ideas” la que tiene que vertebrar la historia de la filosofía española, las doctrinas no se deben presentar como meras ideas enunciadas sin fecha por un desconocido filósofo, sino que los textos forman parte de un contexto, y ambos, texto y contexto, a su vez, hacen referencia a una situación real. Al igual que una idea, que lleva implícita en sí una reacción del ser humano ante una situación de su vida, de ahí que tengamos que ser capaces de dialogar con nuestra circunstancia. Por lo tanto las ideas no son consideradas eternas, sino que todas las ideas están vinculadas a una circunstancia o situación concreta, que ha de ser reconstruida para comprender verdaderamente la idea, de lo contrario la idea se presentaría inerte, muerta, carente de sentido. Sin embargo, al ser la filosofía un sistema vivo, pleno, se vale de las ideas como golpes de fuerza arraigados en lugares y tiempos determinados.

La influencia del neokantismo llevó a Ortega a plantearse el problema del conocimiento ya desde su juventud, tratando, además, de superar la clásica oposición entre idealismo y realismo. Para él es importante advertir la implicación del yo y las cosas; el yo se convierte en un sujeto activo que interviene en el mundo que le rodea. Ortega afirmó el carácter ejecutivo de la realidad, ésta no es mera representación, sino que las cosas son siempre cosas en relación con un yo, a la vez que el yo no está incomunicado, sino que es entre las cosas. No se establece una prioridad del yo (que sería propio del idealismo), ni tampoco una prioridad de las cosas sobre el yo (que sería la fórmula del realismo), lo que se defiende es una co-implicación del yo y de las cosas, que es, precisamente, lo que constituye la circunstancia. La realidad circundante forma parte de la persona, es su otra mitad (la naturaleza es esa otra mitad del ser humano).
El proceso vital consiste en una mutua adaptación, del cuerpo a su medio, y del medio al cuerpo, de ahí la conocida sentencia orteguiana: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Mediante esta unión del yo y de la circunstancia se constituye “la vida como realidad radical”, con la que Ortega trata de superar el racionalismo, porque para él la razón no es capaz de superar a la vida, ésta es la realidad primigenia. La vida ha de ser considerada como la vida humana individual, como la vida de cada cual. Y denominarla realidad radical quiere decir que constituye la raíz del resto. Por ello todo conocimiento es incompleto y no es lo suficientemente radical o profundo si no empieza por el ámbito de nuestra vida, donde ese conocimiento nace y existe. Vivir es por lo tanto sentir algo, querer algo, pensar algo…, en definitiva, estar en esa coexistencia entre el yo y el mundo. El hecho primario es la vida, y en ella ha de basarse la filosofía, convirtiéndose en el cogito de la filosofía preconizada por Ortega.
Es por lo tanto la defensa de la vida a modo de realidad metafísica, y se accede a esa realidad desde la razón vital; la razón entendida como forma y función de la vida. También la cultura se alimenta de la vida, y le inculca nuevos valores: espontaneidad, sinceridad…, la razón se somete a la vitalidad y se localiza en el entramado de lo biológico. La razón pura queda así desbancada por esta razón vital.

La concepción de Ortega deja de lado todo irracionalismo, y proclama el raciovitalismo, en el que la perspectiva se convierte en un elemento esencial. El punto de vista será diferente en cada una de las vidas de los individuos, en cada época, en cada sociedad…, esa perspectiva es necesaria para acercarse a la verdad y adquiere una dimensión vital indispensable, es un elemento más de la realidad. Ortega es partidario, por lo tanto, de una verdad vinculada a un tiempo y a un lugar determinados, no hay relativismo, racionalismo, ni dogmatismo, sino un raciovitalismo consecuente en el que el pensamiento constituye una función vital.

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...por Ana González ...por Ana González


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