Rosvita fue una de las mujeres más relevantes y prolíficas dentro del panorama de los escritos poéticos, lo que le proporcionó gran seguridad en sí misma.
En su enciclopedia “Hortus deliciarum”, Herrada de Hohenburgo compila muchos de los versos en los que las mujeres de los siglos XI y XII ponían de manifiesto sus pensamientos y opiniones sobre el mundo en el que vivían, sobre los hombres, y sobre las mujeres mismas. Una de las poetisas más versátiles e intimistas fue María de Francia, quien ponía de relieve muchas de sus reflexiones ya en los prólogos a sus obras.
Ante todo, la poesía más íntima estaba vinculada a dos géneros, como eran la lírica y las epístolas en verso, y la lengua que utilizaban era el latín y el provenzal. A menudo mezclaban sus emociones con una trabajada literatura, influidas por Ovidio y por elementos bíblicos y cristianos. Algunos de los poemas tenían la misma forma y el mismo tono que las cartas de las heroínas enamoradas de los textos de Ovidio.
Un grupo de jóvenes mujeres de Ratisbona, monjas, estudiantes y novicias, escribieron breves poemas dirigidos a sus maestros y amigos. Aunque en ellos pudiera percibirse cierta limitación desde el punto de vista artístico, cabe destacar el logro de una seguridad femenina, mediante la cual hacen ver que la mujer ya no ha de presentarse como un ser frágil o inferior comparada con un hombre, sino que pueden ser creadoras de reglas y de normas a seguir en lo que a la conducta se refiere. La mujer debe ser admirada y tratada con delicadeza, y ella decidirá si el hombre que la admira es digno o no de estar con ella. Claro que también hay que tener en cuenta que la cultura de estas mujeres jóvenes del siglo XI, su privilegiada situación social e intelectual, era lo que les permitía pensar así y expresarlo como una norma a seguir.
En algunas de las epístolas de amor entre amantes, la mujer expresa su amor a través de complejos recursos literarios que reflejan sus ideas y sus imaginaciones, e incluso recurre a expresiones propias de las alabanzas a la virgen. La mujer percibe el amor que sienten los seres humanos como si fuera el origen de la perfección, en el que tienen que reinar la mesura y la fidelidad, dado que para que el amor sea provechoso debe dirigirse a un solo objeto. A menudo se pone de relieve la imagen de desvanecerse en el amor, que supone una expresión más artística que si se aludiera a la posibilidad de fundirse con el cuerpo del amado.
La poesía escrita en provenzal es la que ocupa el lugar más destacado entre la poesía femenina, mientras que en las regiones de España y de Portugal las canciones que se conservan que eran cantadas por mujeres, las llamadas cantigas de amigo, fueron compuestas por los trovadores, y aunque a menudo eran interpretadas por mujeres, también ellas componían algunos de estos cantos que constituyen un importante corpus poético, pero no aparecían como autoras, sobre todo por el hecho de que la mayor parte de los copistas y cronistas eran hombres. De ahí que la poesía en provenzal sea un legado tan preciado y peculiar, incluso en uno de los poemas se pone de relieve el amor de una mujer por otra mujer. Las poetisas adquieren el poder de determinar sus propias reglas, sin tener que involucrarse en el mundo que los poetas habían creado para ellas. Estas poetisas pertenecían a la clase noble, pero no estaban vinculadas al ámbito del clerical, por lo que sus ideales eran más amplios y con un diferente enfoque. Son poetisas de finales del siglo XII, que defienden un paradigma de mujer segura de sí misma y activa, preocupadas por su emancipación en el plano de los sentimientos.
Las cantigas de amigo de las regiones españolas y portuguesas, compuestas por hombres, muestran a mujeres que se lamentan por la pérdida de sus amantes. También aluden a su propia belleza, se jactan de su hermosura y se preguntan cómo siendo tan bellas han podido ser abandonadas, lo que hace dar un giro al poema y ver el problema desde el punto de vista de la doncella, de manera que, al final de la canción, la mujer ha convencido a sus oyentes de sus cualidades y de la realidad de su situación. Indudablemente, uno de los epistolarios femeninos más relevantes y conocidos de la historia lo constituyen las cartas que Eloísa escribió a Abelardo. Las primeras cartas de Eloísa a Abelardo manifiestan el estado de ánimo de una heroína, expresan una amplia gama de emociones y de sentimientos, mucho más profundos y serios que los de las cartas de Ovidio.
Rosvita, del convento de Gandersheim, fue una poetisa sajona, de la que se sabe aquello que aparece en los prólogos y prefacios de sus obras. Estudió aritmética, música, geometría y astronomía, así como dialéctica, retórica y gramática, y leyó y comentó a lo más importantes autores clásicos. Tras sus primeros poemas escritos en el más absoluto secreto y de carácter bastante inmaduro, Rosvita comenzó a componer versos de manera más ardua, rehaciéndolos cuando lo consideraba necesario, y tratando de imitar la forma y manera de los textos sagrados a los que tenía acceso. Su primer libro estuvo compuesto por ocho leyendas sagradas, con las que pretendía proporcionar ejemplos de vidas que imitaban las de Cristo y la virgen. Las obras de Rosvita no están referidas a la teología, sino a la edificación y a la espiritualidad, ensalzando la fe en la divinidad. En seis de sus leyendas se alude sobre todo a tres temas como son el de la gracia divina, el de la justicia divina, y el de la gloria a los mártires. Los principales personajes heroicos son los justos, los buenos, los humildes, que representan la ciudad de Dios, y que luchan contra el advenimiento de la ciudad del demonio.
El pacto con el diablo también constituye un tema relevante acerca del cual Rosvita fue la primera en escribir en forma de verso. Aparece en sus textos no como símbolo del mal, sino como símbolo del poder, como el soberano de la muerte al que sus fieles veneran.
Los personajes de Rosvita a menudo carecen de rasgos o caracteres psicológicos, aunque para la poetisa lo importante se encuentra en subrayar el arrepentimiento de las actuaciones de sus personajes.
Rosvita no le faltaron inspiración y talento, pero al decidir escribir en forma poética, tuvo que aprender la métrica, lo que supuso un gran esfuerzo para ella. De ahí que en el prefacio a su obra dé las gracias a la divinidad por su ayuda para escribir, y por mantener despiertas sus cualidades y su devoción. Se vale, para sus composiciones de numerosos adverbios, conjunciones, diminutivos, repeticiones de frases…, que proporcionan un estilo más personal y de mayor fuerza expresiva que el meramente escolástico. Rosvita, orgullosa y segura de su capacidad artística, decide ir más allá y llamar la atención acerca de las vírgenes heroicas protagonistas de sus dramas, frente a las comedias de Terencio. Así comienza a desarrollar una trama que se involucra con lo escabroso (violencia, torturas, necrofilia…), dentro de un relato candoroso y tierno. Se vale, además, de la técnica utilizada por Plauto en algunos de sus guiones griegos, los textos en ocasiones se sintetizan, en otras se alargan y terminan por disiparse, aparecen nuevos personajes, los acontecimientos se suceden para proporcionar una menor o mayor dramatización, etc. El elemento principal en torno al cual se desarrolla el drama es el amor, aunque también la conversión supone un tema indispensable para el drama.
En el ámbito lingüístico Rosvita pudo liberarse lentamente del léxico de los antiguos poetas, y se acercó más a la estructura de los diálogos de, por ejemplo, Boecio. Mientras que el contenido se basa en la Biblia, y en las obras de San Agustín, se inspira en los textos de la liturgia, ensalzando así los valores del cristianismo mediante una prosa rimada.

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