buscar
Espanol flagIngles flag

Tiempo estimado de lectura 4:58 min. rellotge
Ortega y Zambrano: Dos estilos de la razón en la vida

En plena época de la crisis de la razón europea, cuando Husserl comienza a darse cuenta de que tal vez la razón occidental haya perdido el rumbo tras dos guerras mundiales.

Cuando Heidegger está elaborando otro tipo de reflexión sobre el Ser que radicaliza la filosofía hacia lo originario, hacia la metafísica, y Scheler se esfuerza en resituar las valoraciones éticas, aparecen en España los pensamientos de José Ortega y Gasset (1983-1955) y el de su discípula María Zambrano (1904-1999).

El marco español tampoco es de despreciar: a lo lejos el buen regusto y la frescura del pensar de los krausistas y el de la Institución Libre de Enseñanza que ha seguido sus pasos, pero también la amargura de la guerra, el destierro que ha “transterrado” a tantas inteligencias malogradas por la barbarie, el ansia de lo que no pudo ser, el sueño de una España realmente regenerada que comprenda y viva por fin la democracia. Y el país envuelto, tras el breve lapso de las esperanzas republicanas, en la misma incuria y el mismo analfabetismo de siempre.

Pero Ortega ha visto mundo, ha estado ampliando estudios en Alemania, con los neokantianos de Cohen y la escuela de Marburgo. Se ha familiarizado con lo que es hacer esforzadamente una tarea filosófica y, sobre todo, ha conservado su fino olfato para divulgar lo que es preocupación del pensar coetáneo en ciencias y en filosofía, siempre con preocupación periodística, divulgativa, regeneradora de la patria hundida en la sinrazón. La vida, un cierto vitalismo, tal vez más pragmático que teórico, había sido la preocupación del krausista Giner de los Ríos, la vida estaba presente en la influencia de Bergson en los pocos intelectuales españoles, esa vida que había sido el gran descubrimiento de la ciencia del XIX y cuyos oleajes alcanzan a fortalecer la filosofía del siglo XX desde sus albores en el vitalismo historicista de Dilthey. Ortega y Zambrano son conscientes de todas estas influencias. En el primero, reforzadas más que en la segunda por el mundo de la ciencia donde, de un modo estelar, destaca la teoría de la relatividad de ese Einstein al que Ortega invita a Madrid.

Para Ortega pensar es una acción radical y total. Se profundiza en el Universo como un buceador avanza esforzadamente, a pulmón libre, en las profundidades marinas hasta encontrar la perla que le dará la clave escondida y preciosa. Esa clave estará para el madrileño en la vida entendida con mucha mayor libertad una vez que se ha divorciado de su pasada cárcel kantiana y ha optado por la fenomenología moderna. La razón no será en adelante encapsulada en los límites del conocimiento sino entendida ella misma como conocimiento ya que la razón se mueve en la vida y es la vida entendida como un “saberse vivir” lo que atestigua la realidad más radical que pueda pensarse: “mi” vida, una vida que contiene dos polos incontrovertibles y complementarios: el yo y la circunstancia. De tal modo que yo no soy yo sólo si no lo soy junto con lo que rodea a mi estancia: mi circunstancia. Somos yoes enteramente circunstanciales, nuestra esencia no está dada, no tenemos naturaleza, sino historia, somos o, mejor, nos hacemos en una tarea interminable y enteramente personal.

Pero, ante todo, somos un punto de vista en el mundo. Somos, desde nuestra circunstancia, desde mi yo situado, una perspectiva de universo. El ser humano no es un alma ni es un trozo de materia. Cada uno de nosotros es enteramente insustituible y al mismo tiempo insustancial o circunstancial. Nuestra peculiaridad radica o se deriva del hecho de vivir una vida que ninguno de los otros humanos vive y por la que el universo es concienciado de forma completamente original desde la originariedad radical del vivir. De este modo el conocimiento del mundo nos viene dado desde una perspectiva parcial, histórica y de ninguna manera absolutamente verdadera. Se impone la búsqueda de la verdad desde el encuentro intersubjetivo de perspectivas que haga viable una sociedad de todos y un conocimiento de todos. La racionalidad de la historia quedará siempre como problema, como algo que hay que seguir indagando continuamente. De este modo la vida se convierte en el hecho de ir buscando y ampliando continuamente horizontes de sentido.

María Zambrano estaba de acuerdo con Ortega en que la razón comprende la vida desde dentro. Pero a la razón vital e histórica de su maestro opone una razón personal mucho más concreta y una razón dominada por la sensibilidad, transida del sentir: una razón poética, que no oculta ni se avergüenza al manifestar el fondo misterioso y sagrado de la existencia. Porque María defenderá que hay en el ser humano algo que no es ni circunstancial ni está sometido al torbellino de la historia y esto es lo enigmático, lo oscuro, el fondo sacrosanto de lo humano.

Zambrano busca las razones del corazón y del sentimiento en las que Ortega no repara tan directamente y quiere ver en ellas ese fondo al que anclar al alma desasosegada por el continuo viaje de la existencia. Así aparecerán textos sobre el amor, la esperanza, el anhelo, la envidia, la confianza, la convicción, la confesión como las claves enteras de lo humano. Por eso privilegia, tal vez más que Ortega, el ensayo literario y no periodístico, de una forma más intimista y reservada. En Zambrano la realidad no se conquista, como en la aventura orteguiana, sino que nos es revelada, sale a nuestro encuentro y se traduce en un “decir” sólo posible al lenguaje místico-poético, en un “claro de bosque” de nuestro vivir.

Bordeada y atravesada por la poesía y la democracia la persona puede ser y realizarse en la plenitud de su vida. Ambas son la doble dimensión de lo humano: el sentimiento y la razón, el interior y la exterioridad, la privacidad y lo público, lo místico y lo político, el yo y el mundo que componen “mi” vida. En María Zambrano prevalece su condición de exiliada. Ella lo ve todo no sólo desde su condición de mujer y que además persigue la llamada a calar en la hondura de lo vital, en lo arcano y misterioso de la vida, sino desde su condición de exiliada, de transterrada, de persona que ha sido obligada a trasplantar su tierra a otra tierra y que se convierte en un ser humano despojado de su historia, de su circunstancia, de su patria. Esto es condición de la búsqueda en ella de una patria ideal, que, con regustos de tradiciones religiosas, va a ser el deseo de una patria democrática y reconciliada de violencias.

Es así, de distinto modo, pero los dos del lado de la razón en la vida, cómo estos dos pensadores españoles han entrevisto talantes de filosofía teórico-prácticos que, alejados de idealismos y realismos nos aportan la realidad raciosentiente del ser humano, tal vez la característica más clara de la filosofía española contemporánea.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (1 votos, promedio: 3 de 5)
Cargando ... Cargando ...



...por Cristina M. Null ...por Cristina M. Null


Enlaces Patrocinados:



Otros Reportajes:


Los más comentados:



Publicidad


Publicidad




PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2008 | Hosting Profesional por isyourhost.com isyourhost.com