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La medicina, un saber científico: Hipócrates y su obra

Anexas a los templos dedicados a Asclepio, nacieron las escuelas de medicina, de las que salieron los grandes médicos que se distanciaron de las prácticas mágicas.

En un primer momento, el ejercicio de la medicina estaba en manos de los sacerdotes. La mitología narra cómo Quirón enseñó el arte de sanar y de curar las enfermedades a los hombres, y Asclepio, discípulo suyo, fue divinizado y considerado un hijo de los dioses, y se le dio el nombre de “médico”, simbolizándolo con una serpiente. Se construyeron templos y edificios dedicados a esta deidad, y allí eran llevados los enfermos, a los que se curaba mediante ritos y prácticas mágicas y religiosas. Poco a poco comenzaron a aparecer médicos ambulantes, éstos se habían formado en las escuelas que nacieron al lado de los templos dedicados a Asclepio. Las más famosas escuelas de la antigüedad tuvieron su origen en Crotona, en Cirene y en Rodas. Pero fue en Cos donde adquirió mayor desarrollo debido a los logros de Hipócrates, quien consiguió elevar a la medicina al rango de ciencia, le otorgó el estatuto de un conocimiento que se adquiere y que goza de un método específico. Por lo tanto, la medicina, en tanto que ciencia, no tuvo su origen en las prácticas de los sanadores, sino en las investigaciones de los médicos que salieron de esas escuelas contiguas a los templos. Estos nuevos médicos se fueron alejando de esos primeros sacerdotes hasta que rompieron todo posible parecido con ellos, definiendo su propio campo de trabajo y adquiriendo una identidad diferente a la que les atribuía prácticas mágicas para curar a los enfermos. Así es que, la medicina fue una creación de los griegos, aunque hay que tener en cuenta que las compilaciones de medicina encontradas en algunos papiros, muestran cómo los egipcios habían alcanzado un desarrollo considerable, al elaborar materiales médicos que vinculaban causas y efectos, con lo que existe un antecedente de la práctica médica en Egipto.

Pero fue la filosofía de la naturaleza la que contribuyó a la constitución de la medicina en una ciencia, debido a la búsqueda de una explicación natural para cada fenómeno, y de un orden universal y necesario para la cadena de causas y efectos. Y a esta filosofía de la naturaleza hay que añadir la influencia de la argumentación del movimiento sofista, que se pone de manifiesto en algunos de los tratados de Hipócrates.
La medicina científica debe así su fundación a Hipócrates, que enseñó medicina en Atenas, lo que le hizo merecer el calificativo de gran médico por parte de Platón y Aristóteles. Se le atribuyeron las obras de medicina de toda la escuela de Cos, de la que él fue jefe, y de ahí nació el “Corpus Hippocraticum”, que consta de unos sesenta tratados, y constituye una documentación médico científica imprescindible.

Uno de los libros más interesantes de Hipócrates es “El mal sagrado”, en el que se polemiza contra el pensamiento religioso y mágico en la medicina. En la antigüedad el “mal sagrado” era la manera como se denominaba a la epilepsia, puesto que se la creía consecuencia de una intervención divina. En su tratado, Hipócrates asegura que la epilepsia se denomina mal sagrado debido a que era un fenómeno incomprensible, pero afirma que también existen otras enfermedades no menos sorprendentes, como pueda ser el sonambulismo y que, por lo tanto, la epilepsia no es muy diferente de esas otras “extrañas” enfermedades. Por ello considera Hipócrates que es la ignorancia la que llevó a considerar a la epilepsia como un mal sagrado, y que quienes tratan de curarla mediante hechizos son unos impostores, porque además se están contradiciendo ellos mismos al tratar de sanar enfermedades que consideran divinas a través de prácticas humanas, intentando ejercer un poder sobre los dioses.

Para Hipócrates la causa de la epilepsia es una alteración en el cerebro, que tiene las mismas causas que aquellas de las que provienen el resto de alteraciones y enfermedades, esto es, una sustracción o adición de lo seco y húmedo, del frío o del calor… de modo que sólo quien sea capaz de determinar en los seres humanos, a través de la dieta, lo seco y lo húmedo, el calor y el frío…, podrá sanar la enfermedad, sin utilizar ningún tipo de práctica mágica.
Por lo tanto, el conocimiento médico se basa en saber de forma rigurosa cuál es la dieta más adecuada, y cuál es la justa medida de esa dieta, y esta exactitud no puede provenir de meras hipótesis, sino que ha de basarse en la experiencia. El razonamiento no se hará acerca de la esencia del ser humano en general, sino que tendrá que hacerse sobre qué es el hombre en tanto que ser físico, en tanto que tiene una vida cotidiana, y elementos de ese tipo. Pero, además de alcanzar el estatuto de ciencia, la medicina logró, gracias a Hipócrates y su escuela, alcanzar también una dimensión ética. El médico ha de comprender que el paciente no es un medio, sino un fin, constituye un valor, y por ello el médico ha de actuar de forma coherente con respecto a esa idea. El “Juramento hipocrático” tiene su origen en esta dimensión ética, y aún hoy es pronunciado por aquellos que van a ejercer la medicina de forma profesional.

Sobre todo, la medicina hipocrática ha sido conocida por su doctrina acerca de los cuatro humores, que son la sangre, la bilis, la flema y la atrabilis; y es en el tratado “La naturaleza del hombre” donde queda más claramente explicada esta doctrina. En un primer tratado Hipócrates se refería a los humores pero sin especificar el número y las cualidades de ellos, y también hizo alusión a la influencia de las estaciones pero tan solo como variables que existen en el ambiente. Pero ya en el tratado sobre la naturaleza del hombre se especifican determinadas cosas relativas, por ejemplo, a la naturaleza del cuerpo humano y su constitución, que consta de sangre, flemas, bilis y atrabilis. El ser humano estará sano mientras haya una proporción entre estos humores, tanto en propiedades como en cantidades, de manera que la mezcla se pueda considerar completa. Sin embargo, un individuo enfermará en el momento en el que se produzca un defecto o un exceso de alguno de esos humores, es decir, cuando la proporción adecuada desaparezca.

Tiempo después, Galeno complementó el escrito hipocrático con una teoría acerca de los temperamentos, de ahí que la doctrina de Hipócrates cobrara una relevancia mayor, y se convirtiera en punto de referencia durante más de dos mil años.
Para Hipócrates resultaba esencial la correspondencia entre las enfermedades de los hombres y los cambios en el medio ambiente. El hombre se considera dentro de un conjunto de circunstancias, esto es, formando parte de un contexto en el que hay que tener en cuenta las estaciones del año, sus influencias, las aguas y vientos de cada región, sus propiedades, la forma de vida de los habitantes de cada lugar… para conocer cada caso particular es necesario conocer el conjunto de todas esas variables. Comprender el todo permite comprender cada parte, y el médico que quiera sanar al enfermo habrá de ser consciente y conocer con exactitud las correspondencias que existen.
Además, Hipócrates también defendió que las instituciones políticas influían en el estado de salud de los individuos, así como en sus condiciones generales. En aquellos lugares en los que los hombres no son los dueños de sus propias leyes, y tampoco dueños de su propia persona, sino que se encuentran atenazados por dirigentes despóticos, su carácter y su salud se ven mermados sobremanera, mientras que la democracia hace que el carácter de los seres humanos se temple, que adquieran mayor destreza para pensar en cómo adiestrarse en el arte de vivir, y que no estén sumidos en luchas y batallas.

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...por Ana González ...por Ana González


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1 comentario en La medicina, un saber científico: Hipócrates y su obra

  1. Encontré un comentario histórico y objetivo en su redacción.

    Gracias

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