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José Gaos: Filosofía de un transterrado

José Gaos representa intelectualmente la última etapa del raciovitalismo ortegiano, que en él va desapareciendo y siendo sustituido por un pensamiento original; sin embargo, él mismo afirmaba que no estaba muy seguro de ser filósofo y sí, profesor de filosofía.

De ahí que fue la dedicación a saber qué es la filosofía una de las primeras entre sus preocupaciones e indagaciones. Sin embargo hay suficiente elaboración filosófica en Gaos para concederle honestamente el título de filósofo, que nadie ha osado negarle, y deducir de sus escritos incluso más de una filosofía.

Sus inicios en el pensamiento lo marcan sus intereses ideológicos socialistas. Nació en Gijón (Asturias) en 1900. Tuvo una educación cristiana, pero optó por una actitud agnóstica. Estudió en Valencia y en Madrid. Tras un año de lectorado en Montpellier, se doctora en Filosofía en Madrid en 1928. Fue docente en la Universidad de Zaragoza, donde tendría como alumno a su mas preclaro discípulo: Mindán Manero y en 1933 enseñó en Madrid. Ocupó el cargo de rector de la Universidad de Madrid en plena guerra civil (de 1936 a 1939). Cuando los republicanos son derrotados, Gaos marcha a América “transterrado” , como a él le gustaba decir: esto es, no realizando allá una nueva socialización, sino trasladando su contexto intelectual al otro lado del Atlántico, dado que no era un traslado voluntario, sino forzado.

Pero Gaos se encontró pronto bien. Durante treinta años enseñó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue redactor de numerosas revistas y autor de una serie considerable de traducciones de filósofos notables en su tiempo, tanto franceses como alemanes. Personalmente era un erudito, de talante dialogante, aunque dado al pesimismo y la soledad. Encarnó para algunos una actitud tolerante y fue tan esteticista y amigo de la poesía como entusiasta de la exactitud y de la ciencia. Siempre se mostró solidario y esa fue la razón de su afiliación socialista, mantenida hasta el final, que le llegó en México en 1969.

El contexto cultural de Gaos fue una extraordinaria situación de la cultura y la filosofía española y, en concreto madrileña, a principios del siglo XX, con una Facultad donde impartían sus lecciones García Morente, Julián Besteiro, José Ortega y Gasset y donde se hacían continuas referencias a la actualidad de Husserl y Heidegger. Sin embargo quienes le mostraron la filosofía en un comienzo fueron los libros de Jaime Balmes. Al final de la carrera había variado notablemente sus gustos. Leía a Scheler y a Hartmann y dedica al estudio de Husserl su tesis doctoral y traduce a otro fenomenólogo: Aloys Müller. Quienes le iniciaron en la Fenomenología fueron sus conversaciones con su profesor Ortega y Gasset y con su condiscípulo Xavier Zubiri. Su concepción de la Filosofía como “Filosofía de la Filosofía” la toma de Dilthey, pero se dedicó en sus clases de lleno a exponer la filosofía de Heidegger.

La Filosofía es para Gaos una urgencia contemporánea, que debía estar centrada en la Antropología y desde ella encauzar los problemas del presente, haciendo del punto de partida un “personismo”, más que un personalismo, sintiendo la Metafísica en el marco de la propia vida y sus problemas existenciales, “vida en presencia y ausencia de la muerte”. Por eso el principio fundamental de la Filosofía es biográfico, lo debe marcar la propia vida del pensador, porque “la filosofía se reconoce como una verdad personal”. Filosofía es tratar los problemas vivos del pensar y esto se hace desde un método fenomenológico y teniendo siempre presente una perspectiva histórica de los problemas. En toda indagación filosófica se dan los tonos vitales del deseo, la decepción y la obstinación. La filosofía no puede librarnos de la subjetividad, no hay paso a la objetividad sino equiparación de perspectivismo con escepticismo. La filosofía es vivir la vida íntegra y expresarla con “esforzada veracidad”.

La Filosofía es “ancilla temporis” o esclava del tiempo presente, la expresión de sus más vivos problemas por medio de las subjetividades que los viven y la Filosofía es rectora y guía de cada época. Por eso la filosofía es del momento y no algo del mundo natural sino del mundo humano, derivada del hecho fundamental de convivir los seres humanos.

Las tres vías que caben en la filosofía son realmente una y la misma:

1) La vía histórica (biografía de la humanidad).

2) Vía biográfica (personista).

3) Vía teórica o fenomenológica (también desde la persona que hace el análisis fenomenológico). Su escepticismo ante la objetividad no conseguida en la historia no es una negación a la verdad sino a una verdad absoluta. Hay verdades varias, subjetivas, plurales y debe imponerse la tolerancia y el diálogo. He ahí que la perplejidad sea el origen actual del filosofar y el eclecticismo el final necesario del mismo.

La construcción de su filosofía la hace Gaos a partir de una “fenomenología de la expresión”, ya que la filosofía se nos da en un conjunto de proposiciones formuladas verbalmente. Esta búsqueda de esquemas lingüísticos desvelará también cuales sean las categorías de nuestra razón y así la filosofía desembocará en una Antropología filosófica destinada a explicar la filosofía a través de la constitución del propio ser humano en términos de existencia, finitud, etc. Con ello su Antropología se convierte en Antropología metafísica o Metafísica antropológica. El aterrizaje en multitud de aporías hace que la razón pura, a lo kantiano, termine por ser razón práctica. Gaos ha sabido captar que la Antropología filosófica que puede elaborarse en la contemporaneidad se centra en la aportación que la razón pura pueda prestar a la práctica.

Para Gaos la fenomenicidad: el hecho de presentarse e irse de las cosas ante nuestra visión, marca la existencia y las fronteras de la Metafísica. Vivimos la existencia entre dos inexistencias y existir es rehacerse en cada instante: “resistir”. Sistema abierto que va haciéndose en el marco de las negatividades tanto como en el de las afirmaciones, pero siempre en el de la finitud, sin exculpar ni buscar una supuesta naturaleza divina. Tradición ecléctica de las filosofías de su presente: existencialismo, fenomenología, historicismo, neokantismo, filosofía del lenguaje, con un toque hispano de compromiso cordial con el ser humano, de melancólico y existencial exilio, de transterrado “personismo”.

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