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Imaginación y abstracción en la ciencia moderna: Cuestiones de espacio en relación con la condición humana

El desarrollo de máquinas e instrumentos cada vez más sofisticados hizo que el hombre tuviera que enfrentarse a aquello que era una manifestación de su propia persona.

Para los científicos el ser humano es un observador de las diversas manifestaciones del universo. Aunque el progreso y desarrollo de la ciencia puso de relieve cómo ese mundo observado se escapa a la percepción sensorial humana, pero también a los instrumentos ideados con la finalidad de perfeccionar esa, a menudo, tosca percepción. La investigación de la física moderna se vale de una serie de datos que no son estrictamente fenómenos, dado que no los percibimos ni en nuestro mundo cotidiano ni en condiciones de laboratorio, sabemos de ellos por el hecho de que afectan a los instrumentos de medición. Así, Hannah Arendt advierte que una de las principales metas de la ciencia moderna ha sido el poder descubrir lo que se encuentra detrás de los fenómenos de la naturaleza. Ideas tales como vida, hombre, conocimiento…, son ideas consideradas precientíficas, pero la pregunta que se plantea es si el desarrollo de la ciencia, que es el que ha permitido la conquista del espacio, tanto estelar como terrestre, ha producido un cambio tal en esas ideas hasta un punto tal que ya carezcan de sentido.
El eje central de la cuestión es el hecho de que la ciencia moderna ha llevado a un cambio, y ha reconstruido el mundo en el que viven los seres humanos de una manera tal que, aunque cada cual tenga confianza en su sentido común, sólo se es capaz de comprender lo que se ve, pero no lo que se encuentra tras las apariencias.

Fueron sobre todo científicos como Einstein, Max Planck o Niels Bohr, los que más se preocuparon por el estado de cosas que había suscitado su actividad científica. Consideraban que las teorías habían de cumplir determinadas pautas humanísticas, como simplicidad, armonía…, una teoría sólo podía ser considerada satisfactoria si servía para dar cuenta de los fenómenos observados.

Las ideas y categorías de la razón tienen una fuente última en la experiencia sensible de los seres humanos, y el lenguaje y los conceptos con los que describir las habilidades mentales, se derivan del universo de los sentidos. Y fue gracias a la abstracción, y también a la imaginación, como la ciencia moderna pudo lograr grandes y significativos avances. La búsqueda de una realidad verdadera llevó a los científicos a desconfiar de las apariencias, a desconfiar de los fenómenos tal y como se muestran ante los sentidos de los individuos. Más bien les movía un interés y una atracción hacia la armonía que les hacía buscar fuera de las secuencias de hechos si querían lograr aprehender la verdadera belleza del universo.

La ciencia moderna comenzó a elaborar pensamientos más complejos (como con Copérnico por ejemplo), y a utilizar instrumentos inusitados hasta ese momento (Galileo se sirvió del telescopio). Y una de las grandes motivaciones de los científicos fue la generalización llevada a cabo por Einstein, unida a la apelación a los ámbitos de la imaginación y de la abstracción. Indudablemente, el científico es consciente de que su cometido no es ir, él mismo, a la luna, sino que esa tarea corresponde a las naves ingeniadas por el intelecto humano, y pilotadas automáticamente, que están dotadas de los mejores instrumentos para poder explorar la superficie lunar. Y también advierte que la conquista del espacio sólo será posible y se realizará por completo, si se envían naves espaciales tripuladas para que el hombre pueda llegar allí donde sólo la imaginación, y el poder de abstracción, llegaban en un principio. Así es como las hipótesis teóricas hacen su aparición en el mundo cotidiano de los seres humanos, y ponen en marcha el sentido común.

El principio de incertidumbre, llevado a cabo por Heisenberg, asegura que existe un límite determinado y final para la precisión de las mediciones que se obtienen mediante los instrumentos inventados por el ser humano. Por ejemplo, magnitudes tales como la velocidad y la posición de una partícula, se relacionan de manera que, al determinar una de ellas con precisión máxima, necesariamente la precisión de la determinación de la otra se verá reducida. Por lo tanto, la separación entre un sistema de leyes y otro llevará a plantearse diferentes cuestiones.
En el ámbito de la física nuclear, se descubrió que podían aplicarse diferentes leyes naturales al mismo hecho físico, sin que existieran contradicciones. Por eso se llegó a la conclusión de que la indagación de la ciencia moderna buscaba la verdadera realidad que se encuentra tras las apariencias, perdiendo el ser humano la objetividad del mundo natural. El progreso científico trajo consigo la introducción, en el mundo de la vida cotidiana, de numerosos instrumentos y máquinas cada vez más avanzadas, lo cual hacía que el ser humano tuviera que enfrentarse siempre con cosas que él mismo había hecho y que, por lo tanto, constituían, hasta cierto punto, una parte de él y una manifestación de su persona. La figura del astronauta, del individuo que sale al espacio exterior encerrado en una nave que está dirigida automáticamente, viene a ser el paradigma del hombre de Heisenberg, esto es, el hombre que no tendrá la oportunidad de conocer otra cosa que no sea lo creado por él mismo. Y es en este punto en el que el científico y el humanista ven coincidir sus preocupaciones, porque se plantean las mismas inquietudes con respecto al ser humano y porque, el querer conquistar el espacio, no constituye un resultado meramente accidental de la era moderna, no se trata por lo tanto de una ciencia natural, sino de una ciencia universal. El hombre habrá de reconocer que existen límites en su búsqueda del conocimiento, y que la conquista absoluta del espacio no es posible, sino que serán algunos descubrimientos los que consiga.

En tanto que el hombre piensa y es intemporal, vive en un abismo entre el pasado y el futuro, abismo que no pertenece a la modernidad, sino que forma parte de la existencia del ser humano en todo momento. Se trata de un pequeño espacio intemporal que no se hereda ni se transmite de generación en generación, sino que cada nuevo ser ha de descubrirlo nuevamente, y construirlo con tenacidad, en la medida en que se involucra entre un infinito pasado y un infinito futuro.

Con el surgimiento de la ciencia moderna, el sistema tradicional de conceptos comenzó a perder la primacía que tenía hasta ese momento. La ciencia se volvió activa para obtener el conocimiento, y ya no se concebía que la verdad pudiera alcanzarse únicamente mediante la mera contemplación. Al desaparecer la creencia en que las cosas se muestran tal y como son, el concepto de verdad entendido como revelación se tornó dudoso. También determinadas nociones, como “teoría”, dieron un giro a su significado puesto que ya no se entendía que una teoría era un sistema de verdades vinculadas entre sí y que habían sido dadas a los sentidos y a la razón, sino que se entendió como una hipótesis de trabajo que variaba conforme a los resultados que se iban obteniendo, y su validez provenía de la manera en la que se opera con ella.
De este mismo modo, las ideas platónicas también parecieron perder su poder, y se convirtieron en lo que significaban para Platón aplicadas la ámbito de la política, esto es, se tomaron a modo de normas, de reglas, de fuerzas reguladoras que, hasta cierto punto, establecían límites a la mente de los individuos.

Más adelante, tras la Revolución Industrial, en la que la superioridad de la razón sobre la acción se perdió debido a que se probó que las acciones de los seres humanos, y los productos de ellas resultantes, eran quienes dictaban las reglas, las ideas platónicas se convirtieron en valores, unos valores que adquirían su validez a través del conjunto de una sociedad que tenía unas necesidades cambiantes.

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...por Ana González ...por Ana González


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