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Ideología dominante y producción artística en el siglo XVII: El arte en la época de la Inquisición

Ideología dominante y producción artística en el siglo XVII: El arte en la época de la Inquisición

Se busca que las creaciones artísticas se difundan entre el mayor número de personas posible, con independencia de su condición social.

Durante el siglo XVII la Inquisición se convirtió en algo más que un simple aparato de control de la ideología dominante. Se extendió de manera que la monarquía quedaba a salvo gracias a la red que pudo establecerse. A principios de siglo empiezan a cobrar fuerza las cofradías, vinculadas a San Pedro Mártir. Los privilegios que ministros y miembros de la Inquisición sacan por pertenecer a ella son de tipo social y político, tales como evasión de impuestos, no realizar el servicio militar, no compadecer ante los tribunales, obtener la licencia de armas…

Con Felipe III los herejes extranjeros, ingleses y holandeses, que llegan a España con la intención de desarrollar su negocio en la península, son tratados con menos rigor político por parte de la Inquisición.
Los enfrentamientos entre los diferentes clanes de la nobleza se plasman en el nombramiento de inquisidores generales, así como en los programas de actuación de cada uno de los inquisidores. Se produce entonces un recrudecimiento de conflictos de competencias, mantenidos por los tribunales reales, y se refuerza toda la burocracia inquisitorial. Pero ya con el reinado de Carlos II comienza a plantearse la necesidad de reformar la institución de la Inquisición, con esa finalidad se reúne la Junta Magna, en el año 1696, que acuerda impedir que los inquisidores puedan excomulgar a los jueces que llevaban a sus tribunales causas no de fe. Así, durante ese tiempo, todos los procesos se centraron en los moriscos, en los conversos, y en los brujos. Se vigiló a los cristianos viejos y se llevaron a cabo algunos procesos relevantes como el del Conde-Duque de Olivares.

La mayor parte de los medios de comunicación se pusieron al servicio de la ideología dominante, tanto los escritos literarios, como las expresiones plásticas… Con independencia de su calidad formal se convirtieron en el elenco de la producción del Barroco, aunque también las expresiones disidentes formaron parte de la creación barroca. Las diversas manifestaciones de la sociedad del Barroco español gozan de una serie de características entre las que se suelen destacar algunas.
Por un lado, suponen una manifestación del esfuerzo por difundir unos determinados modelos, pero adheridos ya a una ideología, por lo tanto dirigidos. Pero la obra de arte, o el escrito literario, también contiene ciertos elementos elegidos por el creador para expresar de forma adecuada el mensaje que quiere transmitir a través de su obra. Con ello el artista espera que el poder dominante acepte y aprecie su creación, y que le compense adecuadamente.
Resulta indudable que, la creación barroca, al estar sujeta a unos intereses determinados, goza de un cierto gusto y carácter conservador, propio de las autoridades que lo estimulan y acrecientan.
Las creaciones van destinadas a un amplio público, a la masa, de ahí que se seleccionen los géneros literarios que más aceptación tienen entre la gente. Además de elaborar formas de comunicación que lleguen también al público analfabeto, que sean capaces de comprender lo que se les está mostrando, y que disfruten de ello, para que puedan valorarlo en la medida de lo posible, dentro de sus conocimientos y de su capacidad. Se busca llegar a la mayor cantidad de gente posible a través de manifestaciones como la música, el teatro, o la pintura. Aunque este desarrollo de formas más simples, o más inteligibles para el pueblo llano, no deja de lado el interés por fomentar también una sofisticación de las formas dirigidas al público más entendido y letrado.

Estas nuevas expresiones pretenden, sobre todo, acortar las distancias entre el emisor y el receptor, por eso se desarrollan géneros dentro de la esfera del arte popular, aunque con elementos más complejos de orden semántico, que permitan comprender el mensaje de la obra a quienes están menos acostumbrados a “enfrentarse” con el arte. En lugar de apelar al razonamiento más puro, se trata de hacer que se activen los resortes de los sentimientos más cercanos al corazón, que lleven a entender y aceptar el mensaje contenido en la creación artística.

Por lo general las obras surgen en el ámbito de la urbe, en las ciudades más pobladas, que es donde el arte cobra su mayor esplendor y presencia, y donde viven los artistas. Pero la difusión de las obras no se limita a ese entorno urbano, aunque sea en él donde más acogida logren, sino que se difunden igualmente en las zonas rurales, y entre sociedades diferentes y diversas.
Tanto la Iglesia como el Estado muestran un gran interés por lograr esa difusión, y lo hacen atrayendo a las masas a los actos litúrgicos mediante espacios arquitectónicos confortables y desarrollando un lenguaje musical adecuado a la liturgia pero atractivo para los asistentes a la ceremonia. En el culto ponen de relieve y enfatizan lo espléndido de la otra vida, su grandeza y sus bondades. La acústica de las iglesias se mejora en aras de que la voz de quienes predican llegue a los oyentes de forma clara, y se lleva el culto al exterior, a las calles, por medio de procesiones, de conjuros contra las tormentas y contra las plagas, de bendiciones para obtener buenas cosechas de los campos. Se construyen ermitas cerca de las ciudades, para que haya un mayor tránsito de feligreses y para que se relacionen entre sí en las peregrinaciones. Los autos sacramentales cobran relevancia y se valen de un lenguaje dramático y teatral para exponer los misterios de la teología. Las fiestas unen las actividades religiosas y las actividades civiles para promover la participación social y hacer más atractivo el mensaje de la Iglesia.
Ahora bien, no sólo son las ideas religiosas y sus valores los que se encuentran en las manifestaciones artísticas, también están los valores acordes a una sociedad monárquica, que ensalza la aristocracia, la cual trata de mantener, en todo momento, sus privilegios y su prestigio. Y esto está presente en la temática propia de la producción barroca.

Los dramaturgos españoles del teatro del siglo de Oro, mediante sus escritos pedagógicos, muestran los intereses de la monarquía y de la aristocracia dominantes, así como los valores defendidos por ambas, y que son los que priman en la visión del mundo de la etapa barroca. Los conflictos entre sentimientos encontrados marcan la línea de desarrollo de los textos de Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca…, se escriben obras en las que destacan las luchas entre el amor y el odio, o entre formas de vida diferentes, como la vida cortesana y la vida del campesinado, o el conflicto entre la fe y el honor. También la novela picaresca tiene cabida entre los autores (Quevedo, Mateo Alemán…).
En lo que respecta a la arquitectura, los espacios se construyen conforme a las normas de la arquitectura herreriana. Ya a mediados de siglo se desarrolla un barroco con más adornos y más recargado. Algunos de los ejemplos de las obras que contienen en sí los ideales políticos y religiosos de la época se encuentran en construcciones como el Palacio del Buen Retiro (ubicado en Madrid), encargado por Felipe IV. Más adelante el estilo se hace aún más exacerbado con la familia de los Churriguera, que desarrollan su arte en Madrid y en Salamanca.

La madera se utiliza para la escultura destinada a los retablos de las iglesias y a las imágenes de las procesiones, donde destacan los escultores andaluces y castellanos. La pintura logra su máximo esplendor en el siglo XVII con Juan de Ribera, Diego Velásquez, Francisco Zurbarán y otros tantos de gran categoría.

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1 comentario en Ideología dominante y producción artística en el siglo XVII: El arte en la época de la Inquisición

  1. Felicidades por la página, es muy buena, este reportaje sobre la Inquisición y el arte me ha sido de gran ayuda, gracias.

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