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Filosofía del Tao

El Tao, que significa “Camino” para los humanos, es al mismo tiempo la raíz constitutiva de todo, tal y como se nos describe en el “Tao-te-King” del mítico “Lao-Tze”, de aproximadamente 500 a.C. El Tao es la entraña que da unidad a todo.

Está más allá de lo masculino o del tiempo soleado, más en concreto, la vertiente soleada de la montaña (Yang) y de lo femenino o tiempo cubierto y frío, la vertiente sombreada de la montaña (Yin). Lo mismo que tomados conjuntamente los términos Yin y Yang simbolizan todas las apariencias sensibles, todas las fuerzas que se oponen y se complementan en el cosmos, El Tao no es simplemente un neutro, es el recipiente del Yin y el Yang, al que puede considerársele más bien como la Madre de todas las cosas. No hay Yin sin Yang ni éstos son algo sin el Tao. Yin y Yang explican el cosmos, el Tao los comprende. Yin y Yang suscitan los fenómenos agrupados por parejas y los distribuyen en sus campos opuestos y complementarios. Permiten así atribuir a cada cosa, a cada noción, el lugar que le corresponde. No hay cabida en el pensamiento chino para la confusión y el desorden que suponen el caos. Cielo y Tierra son Cosmos: orden, meridiana claridad.

Esa claridad es el Tao, pero él no organiza el espacio ni lo hace homogéneo. Una extensión Yin es radicalmente distinta de una extensión Yang; tampoco el Tao hace del tiempo una trama homogénea, puesto que el Yin alcanza su apogeo en invierno y el Yang en verano y el Tao da oportunidad a ambos. Del Yin al Yang sus influencias se intercambian mediante transiciones insensibles y la inversión de las fuerzas se realiza en los equinocios. Así se opera el interminable vaivén que hace y deshace las cosas y los seres. La necesidad de anotar los tiempos intensos que hacían la vida de la antigua China y cuyo regreso cíclico mide el tiempo de las estaciones, impuso una forma dualística de pensamiento. Yin y Yang señalan esa dualidad, pero la alternancia que caracteriza su actividad no podría concebirse sin una norma reguladora, de tal modo que el Tao se convirtió en Madre de recia ternura, que mece a los seres y juzga su continuo devenir, cuya legalidad marca en su interior. Dice de él el libro de Lao-Tze: “Algo sin forma, pero completo, existente antes del cielo y de la tierra, sin sonido, sin sustancia, no dependiente, inmutable, que todo lo penetra, indeficiente. Podría ser imaginado como Madre de todo lo que hay bajo el cielo. No conocemos su nombre. Podemos llamarle Tao… … El Espíritu del valle nunca muere. Se le llama Hembra misteriosa. Y la entrada de la hembra misteriosa es la base de la que brotan cielo y tierra. Pero está siempre dentro de nosotros. Saca de ahí cuanto quieras, nunca te dejará”.

Las actitudes a que se exhorta son definitivamente femeninas y la mística a la que se nos invita es de un despojamiento absoluto: “Guarda el vacío absoluto y la perfecta paz permanecerá” concluye el “Tao-Te-King”. De la totalidad, de la unidad manifestada, que es el Tao, no puede surgir sino paz y armonía. El ser humano se mueve al igual que la naturaleza en medio del soplo del Yin y el Yang, en medio de la dualidad de pensamiento y realidad que estos dos principios entrañan dando movimiento continuo, alternativo y alternante al devenir de todo lo real.

El principio que rige la armónica danza de la dualidad engendradora de todo es el Tao. Ying y Yang no son sino modalidades del Tao, el principio único. “Tres” es el símbolo de esa totalidad, porque engloba al mismo tiempo a Yang o “uno” (lo impar) y a Yin o “dos” (lo par). Ese principio invariable que preside las incesantes mutaciones de los seres es lo que designa la palabra “Tao” o “Tao del Cielo”. Es el “camino” que pone en comunicación al cielo con la tierra, la regla de toda moral y la fuente de todo poder, de toda virtud y de toda eficiencia en la acción. El Tao originó a los monarcas fundadores de China, tenidos como paradigmas míticos de poder y armonía. “Tao” es también utilizado en la lengua china como verbo y usado para designar un “abrir camino”, “desbrozar”, “facilitar el paso” a las fuerzas que dominan y fecundan la naturaleza, con la finalidad de “recorrer” la tierra de los hombres y “ordenarla” en todos los aspectos.

También “Tao” significa “Decir”, esto es: la palabra por excelencia, la que supera todos los dichos, la reveladora de la verdad. El término no está exento de polisémicas resonancias: en los textos místicos chinos es “la puerta de las sutiles esencias”, ya que sólo el éxtasis permite franquear esa puerta por donde se huele el Cielo. En el ámbito del confucianismo, su significado e intencionalidad son completamente éticos. En sentido absoluto designa al Bien, a lo verdadero, lo real, la armonía perfecta entre todas las virtudes humanas. El principio Tao no es en absoluto místico para los confucianos, es el fiel de la balanza al que la sabiduría confuciana sitúa en el centro del universo. Aquél a quien la razón dirige está unida al Principio, ha entrado en la “Gran Claridad Pura”, es capaz de penetrar “las diez mil cosas” y conocer su esencia y así puede distribuir sus funciones a todos los seres y a todas las cosas. Para los eruditos de los rituales chinos existen tantos taos como conductas propias de tal o cual función: el Tao del padre es diferente del Tao del hijo, el Tao del monarca corresponde en la tierra al Tao del Cielo.

En los textos más propiamente filosóficos, de carácter metafísico, se define el Tao como el movimiento o fluir cuya unidad el mismo Tao fundamenta y armoniza. La fórmula más célebre del Tao es: “Una vez Yin, una vez Yang, eso es el Tao”. Y el comentario del sabio indica que el Tao no es ni Yin ni Yang, sino Yang con Yin. La misma sabiduría compara al Tao con la puerta que se abre y se cierra alternativamente. La realidad es alternativamente Yin y Yang: “un tiempo de luz, un tiempo de oscuridad; un tiempo de vida, un tiempo de muerte…”. Que maravillosa coincidencia con el Heráclito griego y el Qohelet hebreo. Así, por mutaciones incesantes se forman las apariencias sensibles. Tao es el regulador de ese movimiento medido por mutaciones cíclicas: “cuando el frío se va, viene el calor; cuando el dolor se va, viene el placer…” Es asimismo el lugar ideal donde esos cambios se llevan a cabo, esos retornos perpetuos de un extremo al otro, el foco donde irradia la eficacia (”Te”).

Sólo hay vida en el Tao y por el Tao. Puede ser considerado, no sólo como el orden en acto sino como principio de participación que anima la naturaleza y hace que ésta sea vida en su totalidad. Sólo los necios –dice Lao-Tze – se ríen del Tao. El sabio obedece al Tao: la alternancia vital, la belleza complementaria del mundo, el drama cómico-trágico de la existencia.








...por Cristina M. Null ...por Cristina M. Null


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2 comentarios en Filosofía del Tao

  1. He encontrado muy interesante el reportaje. La gente debería conocer, diferentes formas de pensar.

  2. Me gustaría conocer mas sobre el TAO, y poder estudiarlo.

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