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Escepticismo, cinismo y surgimiento de la filología: Provocación e ironía, estrategias de cinismo

La sabiduría de la India influyó en el surgimiento del escepticismo, que consideró que se podía alcanzar la felicidad sin aferrarse a los valores tradicionales.

Diógenes de Sinope fue el principal precursor y defensor del cinismo, y aunque Antístenes es considerado el fundador de dicho movimiento, Diógenes llevó hasta sus últimas consecuencias las ideas planteadas por su fundador, convirtiéndolas incluso en un modo de vida, en una manera de enfrentarse al mundo.

Con Diógenes se produjo un cambio en lo que respecta al paradigma clásico del hombre griego, estableciendo nuevos cánones y pautas de conducta inusitados hasta ese momento. La ironía y la provocación formaban parte de su “estrategia” para fundamentar su pensamiento, de ahí la celebre situación que se narra en la que Diógenes avanzaba entre un tumulto de gente, con una linterna en la mano, encendida a plena luz del día, y aseguraba que estaba buscando al hombre. En realidad quería dar a entender que buscaba a ese hombre que vive conforme a su más auténtica esencia, al hombre que vive de acuerdo con su propia naturaleza y que sabe ser feliz. Diógenes, apodado “el cínico”, aseguraba que los dioses habían concedido a los seres humanos la posibilidad de tener unos medios de vida fáciles, pero que los habían ocultado a los ojos de los hombres, por eso él quería situar esos medios ante los ojos humanos, para demostrar que tenemos a nuestra disposición todo cuanto necesitamos para ser felices, siempre y cuando sepamos apreciar qué es lo que nuestra naturaleza nos exige realmente.
De ahí que el cinismo no sea partidario de la metafísica, ni de la física, ni de la astronomía, ni de las matemáticas…, porque la mediación conceptual ha de ser sustituida por la acción y por el ejemplo. También defendieron algunas posturas más extremas, como la idea de aprender a vivir sin las comodidades que proporciona el progreso. Por eso es muy conocido el símbolo de Diógenes viviendo en un tonel, puesto que atestigua con ello lo poco que se necesita para vivir (usaba su capa para dormir en su interior, y llevaba una alforja para guardar la comida). Esta forma de vivir representaba para Diógenes, y para sus seguidores, el disfrute de la libertad, cuantas menos necesidades superfluas se tengan, más libre se será. Claro que esta necesidad de libertad llevada al extremo hizo que los cínicos la aplicaran al ámbito de la palabra, convirtiéndose en unos descarados y arrogantes ante autoridades y poderes institucionales, y al ámbito de la libertad de acción. Debido a esta pérdida de mesura (Diógenes llegó a escupir a la cara a anfitriones que le habían invitado a su casa, y a pedir dinero a sus amigos pero no a modo de favor, sino de restitución), la palabra “cínico” ha adquirió un significado más bien negativo que se ha conservado a lo largo de la historia.

Para alcanzar la libertad y la virtud resultaba necesario seguir un método, éste consistía en dos cosas, en el ejercicio y en la fatiga, esto es, en practicar una vida que acostumbrara el cuerpo y el espíritu a las fatigas que la naturaleza impone, pero que también sea adecuada para que el ser humano se acostumbre a dominar los placeres o a despreciarlos. Es necesario despreciar los placeres porque éstos ablandan el espíritu y el cuerpo, y ponen en peligro la libertad, haciendo del hombre un esclavo, un esclavo de las cosas materiales. También el movimiento cínico estaba en contra del matrimonio, consideraban más adecuada una convivencia acordada entre un hombre y una mujer, y también se enfrentaban a una consideración “estrecha” de ciudadano, dado que los hombres habían de ser considerados ciudadanos del mundo.
La vida cínica perfecta tenía entre sus objetivos la apatía, la indiferencia y la autarquía. Esta idea se plasma en el episodio en el que Diógenes está tomando el sol y se acerca a él Alejandro, el hombre más poderoso de todos, y le dice que le pida lo que quiera, a lo que Diógenes responde que no le tape el sol. Con esto se pone de manifiesto que, para estar satisfecho y feliz no necesitaba más que el sol, una cosa natural al alcance de cualquiera. Es una manera de percibir que la felicidad procede del interior del ser humano, y no de algo fuera de él como es el poder de otro ser.

Uno de los discípulos más famosos de Diógenes fue Crates, quien defendió el que la fama y la riqueza constituían para el sabio males, y no valores.
Pero el cinismo acabó desapareciendo por cuestiones políticas y sociales, dado que la vida y el pensamiento cínicos no eran compatibles con un sentido ético; precisamente fue Cicerón quien aseguró que había que rechazar el movimiento cínico porque era un sistema contrario a la vergüenza, y que ésta es necesaria para que se hagan las cosas de forma adecuada.

Pirrón, nacido en Elis, participó en la expedición llevada a cabo por Alejandro Magno a Oriente. Este episodio de su vida influyó sobremanera en su espíritu y le hizo replantearse su modo de vida, le mostró cómo de pronto puede destruirse lo que había sido considerado indestructible. Los sabios de la India pusieron ante sus ojos una serie de cosas que hacían que las fuertes convicciones griegas carecieran por completo de sentido. Pirrón no fundó una escuela, pero tuvo discípulos, a modo de imitadores, que buscaban en él un nuevo modelo de vida, y él les proponía la posibilidad de vivir una vida feliz con arte, aunque no existieran unos valores férreos, ni una verdad consensuada. Redujo todo a mera apariencia, negando el ser y sus principios, las cosas son simples apariencias, no se pueden medir, y el individuo no puede proporcionar valor a los sentidos o a la razón.
El discípulo más relevante de Pirrón fue Timón de Fliunte, el cual escribió las doctrinas y enseñanzas de Pirrón, las sistematizó, y las comparó con el resto de sistemas filosóficos, haciendo que las enseñanzas pirrónicas se difundieran más de lo que lo hubieran hecho de no ser por su interés y constancia.
La expedición de Alejandro Magno supuso un fuerte influjo en la vida espiritual de Grecia y de sus habitantes. La visión tradicional que se tenía sobre el hombre y sobre la vida cambiaron de manera tal que surgieron las escuelas y sistemas filosóficos como el cinismo, el escepticismo… nacieron centros culturales en Alejandría, Rodas, y Atenas fue el principal núcleo filosófico.

El primer bibliotecario fue Zenodoto, que emprendió la sistematización de los volúmenes de la Biblioteca construida al lado del Museo (consagrado a las Musas, que velaban por las actividades del intelecto). Zenodoto se encargó de la preparación de la primera edición de las obras de Homero, como la “Ilíada” y la “Odisea”, eliminando los versos interpolados. Las interpretaciones alegóricas de Homero se llevaron a cabo en Pérgamo, lo cual ayudó a difundir y a consolidar la obra de Homero hasta convertirla en un paradigma durante la época imperial.

Un discípulo de Aristarco fue quien elaboró la primera gramática griega conocida, y también en esta época se hizo popular el género biográfico, del que se conservan escasos vestigios. En el caso de la filosofía, se cuenta con el compendio realizado por Diógenes Laercio, en el que recoge las enseñanzas de los filósofos, y que utilizó muchos de los materiales pertenecientes a este período. Fue gracias a este nuevo movimiento filológico como se pudo llevar a cabo la edición de algunas de las obras de Aristóteles. De modo que las técnicas actuales usadas para elaborar las ediciones críticas y filológicas de los textos tienen su antecedente y su origen en Alejandría. La razón de que Alejandría se convirtiera en un núcleo tan activo intelectualmente se debió, en buena medida, a la labor de Ptolomeo y de Demetrio, que reunieron todos los libros, materiales e instrumentos necesarios para las investigaciones y fundaron el Museo (con el instrumental necesario) y, anexo a él, la Biblioteca (con la producción literaria).

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...por Ana González ...por Ana González


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