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El taoísmo filosófico: Tao Kia, la escuela del Tao

El término Tao se convirtió en un fundamento filosófico, dando lugar a diversas formas de pensamiento a lo largo de los siglos.

El carácter y el valor del antiguo taoísmo ha recibido muy diferentes apreciaciones. Los sabios y maestros del taoísmo pretendieron hallar una especie de fundamento racional para concebir la sabiduría, a la par que conservaron el poder místico de la evocación. Aunque la magia ocupaba un lugar en la obra de estos sabios, el principal núcleo de su pensamiento reside en la contemplación. Todo estado místico requería de una práctica que incluyera la contemplación estática, el éxtasis no podía ser alcanzado sin la ascesis, es decir, que el individuo que pretendiera establecerse en la serenidad absoluta y perfecta había de seguir un entrenamiento progresivo e intensivo.
Un exceso de intelectualismo impide el logro de esa perfecta serenidad, puesto que la más elevada expresión del Principio no se encuentra ni en las palabras ni en las ideas que se puedan transmitir mediante ellas, por lo cual el asceta ha de vaciarse de todo tipo de conocimientos para así convertirse en un ser capaz de alcanzar lo Absoluto. Es necesario que recree en sí sencillez y espontaneidad, caracteres propios de la infancia. La progresión que se ha de seguir hacia la luz se lleva a cabo en tres etapas, primero se produce la conversión (una especie de segundo nacimiento), luego la purgación de los sentidos y de los sentimientos, la purgación del espíritu y, por último, la unión transformante.

La verdadera purificación mística tiene como principal objetivo el hacer que el corazón ayune, esto es, el corazón ha de concentrarse porque la unión con el Tao sólo se puede conseguir por medio del vacío, y en eso consiste el ayuno del corazón, en ese vacío. El corazón (llamado sin) es el espíritu, al tiempo que el vacío es una quietud activa, y es el lugar en el que anida el Tao. El Tao es la madre del mundo, pero también es el antepasado de todos los seres vivos. Y no es femenino (Yin) ni masculino (Yang), sino de naturaleza indeterminada. Tao representa el origen primigenio, que no proviene de nada y del que vienen todas las cosas mediante un proceso de descendencia, es el principio animador del movimiento de la vida, y es la ley que rige la evolución vital y el medio en el que la vida se desarrolla. Además el Tao sigue un movimiento reversible, que vuelve a su punto de inicio después de haber llegado al término de su impulso primigenio.

Ese Principio se manifestó bajo sus dos modalidades primeras, y de ese modo comenzaron los intercambios entre el Yin y el Yang. Cada uno de los seres obtiene del Principio lo que le permite ser lo que es: eficacia, destino y las tendencias innatas que forman su naturaleza. Todos los seres y todas las cosas se encuentran en una gran máquina de tejer, que es la historia, y que no se detiene, salen del telar y regresan a él una vez que han desarrollado su ciclo. Existe por lo tanto una ley, de la que nadie escapa, y a la que incluso el sabio se somete ineludiblemente, y que acepta con serenidad, por lo que también acepta la muerte, el que muere no sabe lo que será de él, de su espíritu, pero se entrega a la transformación dócil y sereno, puesto que conformarse a ese ritmo natural es sabiduría, en ello consiste ser sabio, en aceptar lo que la naturaleza depara a los seres.
El alma, ya liberada, lleva a cabo un viaje hacia el infinito, y allí se une con la Esencia Invisible, y luego se produce su regreso, momento en el cual el asceta vuelve a ser dueño de sus sentidos y puede describir su experiencia. Y es que, aquél que se adentra en el eje del Tao es transportado de manera inmediata al centro de la gran red de correspondencias que anidan en el universo visible. Cada uno de los seres puede desarrollarse debido a la fuerza interior que el Cielo le comunica, esta fuerza a su vez predetermina las formas sucesivas de ese ser, y quien pretenda ir en contra de la naturaleza estará pervirtiéndola, de ahí que la civilización sea considerada un mal, constituye una invención humana, y es contraria a las aptitudes innatas.

Mencio, seguidor de las doctrinas defendidas por Confucio, fue un polemista que arremetió contra las posiciones extremas de los taoístas. Nacido en un pequeño estado situado al sur de Lu, fue educado por un discípulo del nieto de Confucio, y se consideró como el único capaz de transmitir las enseñanzas del sabio en toda su pureza. No sólo arremetió contra los taoístas extremos, sino también contra los legistas, debido a que apelaban, para la consecución de la obediencia, a la obligatoriedad de las leyes. En contra de esa teoría de la denominada escuela de las leyes, Mencio apelaba a la sabiduría de los reyes fundadores, que sólo querían lograr la felicidad para el pueblo, y hacían reinar la paz mediante la buena administración de la tierra.
El individuo había de cultivar las virtudes naturales, puesto que, aunque la bondad se encuentra en el corazón de los hombres, sólo está en germen, y esa semilla sólo dejará frutos si se cultiva bien la tierra en la que está, pero no si se deja sin cuidar. Resulta necesario vivir de manera noble para así poder realizarse, de manera que sólo aquél que se consagre a las labores del espíritu podrá desarrollar de forma libre sus sentimientos, esos sentimientos que animan al gran hombre, al que está cualificado para administrar el imperio. Así, uno de los principales deberes del soberano es el de controlar la economía del reino para procurar a sus súbditos los recursos suficientes para poder vivir. A su vez, el soberano ha de rodearse de sabios que le asistan en sus tareas de gobernar, de ahí que se le concedieran a la sabiduría determinados privilegios.

Si un soberano se apartaba de lo que se consideraba el camino o vía real, dejaba de ser rey por derecho, aunque conservara el poder era despojado del carácter sagrado propio de todo soberano. Y si alguien decidiera asesinarlo no sería considerado un regicida, sino alguien que actuaba con justicia, un justiciero.
Pero Mencio también intercedió a favor del pueblo cuando los grandes abusaban de los ciudadanos, aunque ha de advertirse que lo hizo persiguiendo una segunda intención, trataba de rehabilitar la noción aristocrática del poder. La finalidad de la moral era la estabilidad, a la par que el individuo debía subordinarse a la sociedad.
Además Mencio fue el precursor de una noción nueva, la de los modos innatos del corazón, y también apeló al Cielo, puesto que quien obra de acuerdo con el Cielo se une a él, y es gracias a él como los seres humanos consiguen la razón y se ponen de acuerdo acerca de las verdades esenciales. Para lograr esa unión con el Cielo, y con el universo, es necesario ser benevolente, llevar la benevolencia a su desarrollo más pleno, para convertirla en una virtud que trasciende y que, quien la conoce, puede llegar a alcanzar una especial fuerza del espíritu.
La política fue considerada por Mencio, y por aquellos que siguieron sus enseñanzas, como la más elevada de las ciencias, pero el éxito político no podía lograrse sin la herencia que dejaron los letrados, es decir, sin una larga formación del corazón y del espíritu.

Tras Mencio, la escuela confuciana siguió aceptando que el Cielo y la Tierra constituían el origen de la vida, pero comenzaron a difundir la idea de que, en la creación, cada cosa desarrolla en sí la armonía necesaria para vivir, y el Cielo y la Tierra gozan de esa función. Y el ser humano sólo colaborará con la naturaleza cuando sea capaz de asumir responsablemente su destino, de lo contrario nunca comprenderá la verdadera naturaleza de las cosas. La posible primacía del hombre proviene del buen uso que haga de sus facultades de conocimiento porque, aunque la naturaleza de los individuos esté repleta de emociones diversas, el ser humano puede gobernarlas a través del espíritu.

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...por Ana González ...por Ana González


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