Según Martín Lutero, era consustancial a la naturaleza femenina el tener miedo y asustarse, de ahí que practicar la hechicería fuera propio de las mujeres.
Heinrich Cornelius Agrippa aseguraba que la magia estaba asociada a tres ciencias principales: física, teología y matemática, de ahí que la magia fuera considerada una ciencia sagrada y superior. La tradición heredera de Ficino, representante del neoplatonismo, hizo que la magia conservara su carácter dual. La magia natural gozaba de un lugar al lado de la magia demoníaca. Ésta influyó en Paracelso y en Agrippa, mientras que la magia natural tuvo cabida en ámbitos tan diversos como la música, la poesía, la religión, la teoría de las artes y la estética, y la psicología.
En las actas municipales del archivo de la ciudad de Kelheim se encuentra un manuscrito de la Edad Media, que se conoce como “El martillo de brujas de Kelheim”, que contiene unas cien preguntas que compendian los diversos conocimientos acerca de las prácticas mágicas y sus mecanismos. Esa lista de preguntas fue utilizada por los inquisidores para interrogar a aquellas mujeres que eran sospechosas de haber realizado prácticas mágicas, más aún, a aquellas mujeres que eran consideradas brujas. En 1572 se llevó a cabo el proceso contra Katharina Strelsin, en el que la interrogaron acerca de las técnicas que usaban las brujas para volar, a lo que ella respondió dando una receta de un ungüento para salir volando que carecía de todo fundamento farmacológico. También había preguntas acerca de sus visitas a cementerios, dado que un elemento primordial de la alquimia era la exhumación de los niños, debido a que los cuerpos inertes de los niños constituían uno de los ingredientes esenciales para preparar pócimas para el vuelo de las brujas y hechizos de amor.
A lo largo del siglo XVI se hicieron famosas las recopilaciones y las crónicas sobre noticias de acontecimientos extraordinarios, algunos de los teólogos y canónigos recopilaron numerosa información, entre la que se encontraban relatos e historias de brujas, de procesos llevados a cabo, de ejecuciones…, todas ellas escritas con absoluta imparcialidad. Comadronas y prostitutas era a menudo acusadas de ejercer la brujería, y su castigo era la hoguera o, en contadas ocasiones, morir ahogadas.
Las noticias y procesos documentan los presupuestos y el sistema para realizar las acusaciones, entre estos presupuestos se encuentra el pacto con el diablo, el convite de brujas, las relaciones sexuales con el diablo, el vuelo hacia el lugar del baile de las brujas, y la pócima mágica que el diablo entrega a las brujas para que éstas puedan dañar su entorno. Existía además una relación intrínseca entre el miedo a los hechizos y la teoría que defendía que el fin de los tiempos estaba al llegar. La brujería estaba considerada como un castigo divino, como una plaga o epidemia que contagiaba a todo el mundo y que, en especial, se extendía entre las mujeres. Los verdugos, carceleros, juristas y teólogos eran grupos de riesgo dado su contacto físico directo con los sospechosos. Incluso existía una terapia para prevenir el que alguien tuviera la tentación de convertirse en brujo, y el “Enchiridion exorcisticum” describía cómo no ser objeto de hechizos, y cómo el individuo podía protegerse de ejercer la brujería.
No sólo mujeres y hombres de clases sociales bajas estaban a merced de las acusaciones de brujería, también los individuos pertenecientes a clases sociales altas se exponían a ese tipo de acusaciones. Ahora bien, las comadronas eran uno de los grupos más perseguidos y acusados, como fue el caso de Bárbara Schatzmann, debido, en buena medida, a los elementos que se unían, como el elevado número de alumbramientos de niños muertos, las condiciones higiénicas y sanitarias en las que las mujeres daban a luz… pero dado que en los manuales de magia se leía que las brujas necesitaban de cadáveres de niños para elaborar sus pociones, las que mejor acceso tenían a los niños, ya que incluso podían matarlos en el seno materno o ahogarlos al nacer, eran las comadronas, de ahí las sospechas que recaían sobre ellas.
Ahora bien, los procesos por brujería se iniciaban en el momento en el que se producían hechos insólitos e imprevisibles que hacían que se rompiera el curso cotidiano de la vida social. Con ello se pretendía atrapar tanto a la causante del hecho como a sus cómplices, de ahí que en el marco del interrogatorio hubiera un capítulo expresamente redactado para “acorralar” a los cómplices (en el caso de Lisa Tutke, ella misma denunció al resto de implicados en los hechos). Esto hacía surgir un gran miedo entre los vecinos, puesto que cualquiera podía recurrir a la inquisición para deshacerse de un enemigo…
La bruja incurría en el delito de profesar un poder que en absoluto le correspondía. Las numerosas publicaciones de las que se disponen, contienen diversas hipótesis acerca de las razones que se tuvieron para aniquilar a tanta gente en aquella época, aniquilación que sobre todo afectó a las mujeres. Ante todo, la persecución de las brujas supuso una represión hacia las minorías, y se cometieron abusos ideológicos de toda índole.
A pesar de que las indagaciones y modernas investigaciones acerca de la brujería se encuentran lejos de tener cifras y aseveraciones definitivas, sí que se conoce mejor la evolución de este fenómeno. El inicio puede situarse en las cazas de herejes llevadas a cabo en Francia, a mediados del siglo XV, y las subsiguientes ejecuciones. Luego comenzaron las persecuciones en las zonas de habla alemana, y en Heidelberg se desarrollaron los primeros procesos. En Europa empezó a aumentar el número de procesos por brujería, llegando a su culmen hacia 1630, las zonas más afectadas fueron Alemania, algunas partes de Francia, y Escocia, y el demonólogo más famoso fue Friedrich Förner, obispo de Bamberg. Sin embargo, las zonas del Bajo Rin, Baviera, Sajonia…, fueron lugares en los que apenas se produjeron procesos por brujería. En aquellas partes de Europa en las que predominaba la iglesia griega y la iglesia latina estos procesos fueron escasos. Entre los últimos procesos por brujería cabe destacar el de Maria Renata Singer, monja superiora de monasterio de Unterzell, llevado a cabo en 1749 en Würzburgo.
Uno de los elementos que más atención ha suscitado en las investigaciones ha sido el empleo del término “delirio”, que vincula la práctica de la brujería con una enfermedad mental, aunque tampoco esta identificación explícale origen del incremento de procesos. Para ello es necesario tener en cuenta una amplia gama de elementos que contengan tanto los factores endógenos como los exógenos, que advierta la relevancia de las peculiaridades de las personas a las que se acusaba de prácticas de brujería. Los conflictos sociales, las epidemias, las reglas excesivamente estrictas, son factores influyentes, pero no definitivos, para dar explicación de la creencia en las brujas. Fue el sentimiento predominante de que se estaba llevando a cabo un cambio social relevante, un cambio hacia una fase depresiva, lo que hizo que comenzarán a recobrar protagonismo una serie de leyendas del anticristo. La creencia en la existencia de las brujas permitía dar una explicación más precisa de las desgracias que advenían al mundo y que se producían en la vida.
Las brujas se convirtieron en unos verdaderos chivos expiatorios. Algunos llegaron a describir a la bruja típica como una mujer de aldea, cercana a la pobreza, mendiga, y que al no recibir limosna sale de las casas y emite una maldición. Si pasado un corto tiempo esa maldición surte efecto, entonces se acusa a la mujer de hechicera. En realidad, esta idea tiene que ver con el hecho de que la pobreza constituye un foco de conflictos y es el lugar propicio para que se produzca el crimen de magia en una sociedad que considera que uno mismo es responsable de su propia pobreza.

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